Antes de mojarte, observa corrientes, espuma y puntos de salida. Prefiere rampas suaves o escalones sólidos, con escarpines para evitar resbalones. Señaliza tu posición con boya, flota si llega cansancio y vuelve en diagonal hacia la orilla. Mantén hombros calientes con brazadas cortas, evitando tirones. Al salir, descansa unos minutos, bebe agua y abrígate si hay viento, para que el cuerpo asimile el esfuerzo sin sobresaltos.
La tramontana puede aclarar aguas pero endurecer el baño; adecúa ruta y evita puntas expuestas. Usa protección solar resistente al agua y camiseta de lycra. Si aparece una medusa, mantén distancia; si te pica, retira tentáculos con pinzas, enjuaga con agua de mar y aplica calor local moderado durante varios minutos. Evita frotar, evita agua dulce inmediata, monitoriza reacción y busca ayuda si hay dolor intenso o dificultad respiratoria.
Los tramos de escalera piden técnica suave: pasos cortos, bastones ajustados y mirada en el siguiente apoyo. Baja en zigzag cuando sea posible, descargando articulaciones. Estira flexores de cadera y gemelos al empezar y terminar. Elige mochila compacta, pecho abierto y hombros relajados para repartir peso. Si sientes sobrecarga, transforma la ruta en paseo fotográfico, celebra el ritmo alcanzable y guarda potencia para el baño final reparador.